Los obispos deliberan si se aplica una única norma a todos los divorciados tras ‘Amoris Laetitia’

Un sacerdote jesuita italiano conocido por ser confidente del Papa Francisco dice que el pontífice piensa que la Iglesia Católica ya no puede dictar normas generales que se apliquen a categorías enteras de personas.

El jesuita P. Antonio Spadaro, editor de la revista italiana La Civiltà Cattolica, dijo el 6 de octubre en una conferencia de obispos y teólogos que estudian cómo aplicar la exhortación apostólica de 2016 Amoris Laetitia, que el documento reconoce que incluso las personas que viven en situaciones familiares «irregulares», como el divorcio y las segundas nupcias, «pueden estar viviendo en gracia de Dios, pueden amar y también pueden crecer en una vida de gracia».

«Debemos concluir que el Papa se da cuenta de que ya no se puede hablar de una categoría abstracta de personas y … [una] praxis de integración en una regla absolutamente a seguir en todos los casos», dijo Spadaro, que fue una de las primeras personas en entrevistar a Francisco como Papa en 2013.

«Dado que el grado de responsabilidad no es igual en todos los casos, las consecuencias o efectos de una norma no tienen por qué ser siempre necesariamente los mismos», dijo.

La conferencia de dos días en el Boston College está coorganizada por el teólogo jesuita P. James Keenan y el cardenal de Chicago Blase Cupich. Durante el evento, dos cardenales, 12 obispos y otros 24 participantes invitados debaten sobre lo que los organizadores llaman el «nuevo impulso» que Amoris Laetitia da a los obispos locales para renovar sus prácticas pastorales hacia las familias.

Spadaro intervino en la cuarta de las cinco mesas redondas del evento. Las consideraciones del segundo día se centraron ampliamente en el llamamiento que Francisco hace en la exhortación apostólica a obispos y párrocos para que escuchen a los laicos y respeten las decisiones que tomen sobre sus vidas tras emprender un proceso de discernimiento.

Spadaro se refirió a una serie de directrices que los obispos de Sicilia publicaron en junio sobre cómo debería aplicarse Amoris Laetitia en su región de Italia.

«El documento siciliano concluye con claridad que en algunas circunstancias por lo que se refiere a los divorciados vueltos a casar, según la evaluación del confesor… es posible admitir la absolución y admitirlo a la Eucaristía», dijo.

«Ya no es posible juzgar a las personas sobre la base de una norma que está por encima de todo», concluyó.

El obispo de San Diego, Robert McElroy, habló en la conferencia sobre su reciente experiencia como anfitrión de un sínodo en su diócesis que pretendía poner en práctica las enseñanzas de Amoris Laetitia.

McElroy detalló cómo el sínodo diocesano implicó debates entre 142 delegados, incluido un delegado laico de cada una de las 99 parroquias de la diócesis. Dijo que pasar por un proceso así «enseña a los obispos cómo los hombres y mujeres laicos luchan con los temas sobre los que escribimos, hablamos y enseñamos».

«Fui un aprendiz y lo más fascinante para mí fue cómo pensaban las cosas porque era diferente en algunas áreas de lo que yo hubiera pensado», dijo. «Es un momento para que la presencia palpable de Dios toque a la iglesia».

‘No podemos llegar con respuestas sacadas de un libro de texto’

Richard Gaillardetz, teólogo del Boston College, habló en la conferencia del 6 de octubre sobre cómo el proceso de los Sínodos de los Obispos de 2014 y 2015 en el Vaticano que condujo a Amoris Laetitia muestra que Francisco tiene una comprensión horizontal, y no vertical, de la autoridad en la Iglesia. Dijo que el Papa no ve la autoridad sólo como dictar decisiones, sino que «imagina un ejercicio más pluriforme y multidireccional de la autoridad.»

«Francisco ha hecho de la escucha una práctica epistémica central en la Iglesia», dijo Gaillardetz. «[Él] está invitando a la iglesia a ver la escucha atenta como … un proceso privilegiado por el cual accedemos a la verdad que Dios desea compartir con nosotros».

Dijo que el Papa quiere crear amplios procesos consultivos en la iglesia, no quiere escuchar sólo a los que están de acuerdo con él, y no busca reunir «voces seguras en una cámara de eco eclesiológica.»

«El Papa insiste con razón en que la auténtica consulta eclesial… debe atender a un amplio abanico de voces, incluidas las que aportan duras críticas y desacuerdos», dijo Gaillardetz. «Amoris Laetitia es tanto el fruto de ese tipo de escucha como una invitación a que esa escucha continúe mientras buscamos implementar su visión».

«En su determinación tanto de acompañar a la gente… como de escuchar las intuiciones, los lamentos y las preocupaciones de la gente, Amoris Laetitia no es sólo el fruto de dos asambleas sinodales», añadió después. «Es un acertado reflejo de y para una Iglesia sinodal».

«Este notable documento nos invita a ver la sabiduría de escuchar antes de hablar, de aprender antes de enseñar, de rezar antes de pronunciarse», dijo Gaillardetz. «Sólo desde la profunda humildad de una iglesia verdaderamente sinodal puede la buena nueva de Jesucristo reverberar con claridad y poder ante un mundo hambriento de una palabra de esperanza y una oferta de salvación.»

En su intervención en el evento del 5 de octubre, el cardenal Kevin Farrell se centró en cómo Amoris Laetitia pide a los pastores que se comprometan en un proceso de diálogo y discernimiento con los laicos para comprender sus necesidades.

«Tenemos que dedicar tiempo a escuchar», dijo Farrell, que dirige el nuevo Dicasterio vaticano para los Laicos, la Familia y la Vida. «Tenemos que dedicar tiempo de calidad a nuestra gente si queremos hablar con ellos. No podemos llegar allí, como muchas veces desgraciadamente ocurre, con todas las respuestas ya en un libro de texto.»

«Tenemos que desarrollar el hábito de dar importancia a la otra persona«, dijo. «Esto es lo que quiere Francisco. … Tenemos que hacer esto. Necesitamos mostrar afecto y preocupación por otras personas para que el diálogo merezca la pena.»

«No podemos dialogar con la gente si ya conocemos todas las respuestas a sus problemas», dijo.

Farrell también dijo que cree que la labor de preparación al matrimonio y de acompañamiento de las parejas casadas en las parroquias debe ser dirigida principalmente por laicos.

«La preparación al matrimonio y el acompañamiento matrimonial no deberían hacerlos los sacerdotes», dijo. «Creo firmemente en ello. Los sacerdotes no tienen credibilidad. Nunca han vivido la realidad y por eso les resulta muy difícil».

«Los laicos necesitan formarse y hacer este tipo de trabajo», dijo. «Son quienes mejor pueden acompañar a los matrimonios en los momentos de dificultad y en los momentos de desafío».

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